En el tejado

En el tejado

martes, 21 de marzo de 2017

Erato & The Lovers

Aun recuerdo aquella noche,
tarde violácea, en abril;
esa primavera insomne,
una triste sonrisa gris.

No sé cómo, llegué a parar
a este orfanato de besos,
a este antro para olvidar,
donde abandonar los huesos.

"¡Démosle la bienvenida
a 'Érato con sus Amantes';
estrella desconocida,
artista de las de antes".

Me dije: 'habrá que escuchar
esta voz rota y profunda
que se empieza a deslizar
con su acústica rotunda'.

Como los buenos licores,
poco a poco me embriagaste,
disfrutar de tus canciones
me empujaba a acompañarte.

Ese laurel en tu pelo,
esa mirada distante,
pendiente siempre del cielo
vigilando a los amantes.

Aroma a sal en tus versos,
sinceridad que envenena,
poco a poco me hacían preso
deseando cumplir condena.

Mucho en cuanto soy ahora
sólo es que a ti te lo debo,
por ser mi fiel impulsora,
a ver el mundo de nuevo.

Ahora con la mente ígnea,
yo no sé cómo pagarte;
torpes trazos estas líneas
que no buscan sino honrarte.

Siempre serás, siempre fuiste,
flor de talento y de rima,
pues sólo tú conseguiste
despertar a quien te escriba.

Sé que habrás de perdonarme,
ahora que encontré a la mía,
aunque no podré olvidarme
de ti, gran musa, poesía.


Un bar cualquiera, con su propia Érato.
Imagen por cortesía de:
http://www.eventrocks.com/assets/bar_mediterraneo_barcelona_1_31471.jpg


miércoles, 15 de marzo de 2017

Dispuesta a declararlo

Ocultas entre el chal de la vergüenza
de una sonrisa el ceño vaporoso,
mientras que se escabulle presuroso
el miedo que nublaba tu cabeza.

Malhumorado e inquieto yace ahora,
buscando una salida en tus bolsillos;
prisión robusta aunque trenzada en hilos,
madejas que retienen cuanto implora.

Ovillos que tejias de madrugada,
después de entre silencios contemplarlo,
para tirar del cabo en la mañana.

Ahora por fin te atreves a afrontarlo,
te atreves a aguantarle la mirada
para con tu sonrisa enamorarlo.


miércoles, 8 de marzo de 2017

Números

Desde el origen del mundo,
para llevar bien las cuentas
y controlarnos segundo a segundo,
mas no por darnos respuestas,
presas del más absoluto temor
a perder la razón
y volverse chavetas,
los hombres echaron mano
del vicio malsano
de cifrar sin letras.
Desde temprano olvidaron
que lo más humano
no cabe en productos,
cocientes, ni restas.
Entraron así en acción
los números, la operación,
la estadística y las reglas.
Numerado el autobús
que me lleva hasta tu puerta.
Números que premios son,
desde el Gordo a la pedrea.
Premio como el de aquel padre,
sin dinero de por medio,
pero gracias a una madre
consiguió tocar el cielo.
No hacían falta papeletas
para así obrar un milagro;
tampoco se echaron cuentas,
tan sólo para esperarlo.
Un milagro en forma de mujer,
aunque de pequeña escala,
un tesorito al que proteger
antes que se lo robaran.
Pero el azar de la vida,
un boleto caprichoso,
que al ganarlo se le iba
lo que le hizo más dichoso.
Qué dolor tendrá ese hombre
visto por fuerza a llorar.
Por culpa de otro indigno de tal nombre
llevó a su niña a enterrar.
Aquél resultó tan pobre
que la hizo su propiedad.
Sólo que como él hay muchos,
y muchos más que vendrán;
y mientras, nosotros mudos,
que con nosotros no va.
Estamos acostumbrados,
que cada día son más,
pues sólo son unos datos
que contar y que archivar.
Ya nos hemos olvidado
la vergüenza una vez más,
cada número anotado,
esconde un nombre detrás.
Y cada nombre una vida,
y con ella muchas más,
que son las que compartían
su familia y su amistad.
Ellos son los que no olvidan,
su niña no volverá.
Sigamos oyendo cifras,
sigamos sin escuchar.
Lo que se restan son vidas,
con cada muerta de más.
La humanidad está perdida,
mas lo que cuenta es sumar.

martes, 25 de octubre de 2016

Momentos de felicidad

Me conduces a equiparar
el primer beso, o el de ayer,
entre el silencio del pinar
y el brillo del atardecer.
Tú me permites respirar
con un aliento de niñez,
razones por las que soñar,
motivos en los que creer.
Mi acordeón haces sonar,
por la escalera al ‘Sacre Coeur’,
subir al cielo de Montmartre
con el Concierto de Aranjuez.
Por el Chiado disfrutar
con la ‘saudade’ a flor de piel.















Desafinando, recordar
a las ‘garotas’ de Jobim.
De mis paseos junto al mar,
el barro por entre los pies.
En medio de la tempestad
el puerto donde atracaré.
Susurros que me traen la paz,
y guerra son, todo a la vez.
Un chocolate que mezclar
con los churros de San Ginés.
Son todas cosas que gozar
con sólo el tacto de tu piel,
momentos de felicidad
a los que tú me haces volver.